MEMORIAL MAGDALENA PEREZ GONZALEZ

Pastora de Maipú
1942-20025

Pastora Magdalena Pérez González, nacida el 7 de Abril de 1942 en la comuna de Vitacura en la ciudad de Santiago, fue la primera de seis hermanos, hija de don Eduardo Pérez Figueroa y de la hermana Edelmira González, desde los doce años se le ve interesada por el cuerpo de dorcas de las iglesia donde desarrolla su vocación por la oración y la fé en Dios, vocación que la acompaño hasta el último día de su vida.

A los 17 años contrae matrimonio con el hermano Humberto Díaz Rojas con quien se conocían desde niños en torno a la iglesia. De este matrimonio les nacen siete hijos Isaac, Rachel, Sara, Isabel, Humberto, Erasmo y Elizabeth.

Dos de los hechos más duros de su vida fueron una enfermedad pulmonar que la tuvo cuando tenía a su primer hijo pequeño, teniéndola hospitalizada por dos años, de donde Dios la sano y sin ninguna secuela continuo su vida; la segunda situación muy difícil que le toco vivir fue la pérdida de un hijo que fallece en su vientre faltando pocos días por nacer. De esta forma siente la responsabilidad que debe asumir al lado de su esposo en el ministerio pastoral.

Es así como el 14 de noviembre de 1977 Dios llama al ministerio Pastoral a su esposo y su compromiso con la ICMP en la comuna de Maipú, los primeros años fueron difíciles por su trabajo y la cantidad de hijos que tenían que trasladar desde maría Elena hasta Maipú donde hubieron momentos muy difíciles, pero Dios le permitió después de dejar de trabajar, dedicarse a tiempo completo a la obra de Dios trabajando incansablemente en el trabajo espiritual como en las ventas para lograr juntar los recursos para obtener el tan anhelado terreno donde su trabajo y perseverancia fue fundamental para ver ese sueño hecho realidad.

Dentro de sus logros en la colaboración del ministerio pastoral fue parte del directorio de pastoras por tres periodos consecutivos, hasta el día de su fallecimiento que se desempeñaba como tesorera del grupo de pastoras y dorcas.

Fue así como el 27 de agosto de 2002 después de solo tres meses de diálisis por una insuficiencia renal crónica y llena de ganas y entusiasmo por recibir las conferencias anuales del 2003, que se realizarían en su iglesia de Maipú. Dios la llamo a su presencia.

Su legado radica principalmente en su sobriedad, muy reservada en sus opiniones pero muy segura de sus convicciones, su fe y fidelidad a Dios son dignos de imitar y quedaran por siempre en el recuerdo de quienes compartieron su vida.